Luces, cámara,… ¡a la -ción!

Blog 12_Películas de cine a la misma hora

Sí, lo habéis leído bien. Ya sé que el dicho clásico y facilón del cine es diferente, pero en todo caso creo que cuando hayáis leído este artículo comprenderéis lo que a buen seguro os habrá llamado la atención en el título.

Por razones que expondré al final voy a hablaros de cuatro películas. Todas vieron la luz en la década de los noventa. No se trata de un género romántico, ni de comedias sencillas precisamente. En las cuatro creo que la palabra principal de su género sería en todo caso la intriga, ya sea por vía dramática o mafiosa. Eso sí, cada una en su justo término. Se puede matar y, por tanto, aumentar la tensión desde un punto de vista de absoluta cotidianidad y simplicidad o bajo un nerviosismo poco menos que insoportable.

Los cuatro filmes son Tesis, Atrapado por su pasado, Uno de los nuestros y Cadena perpetua. En todo caso prefiero avisaros antes de comenzar. Si alguno de vosotros no hubiese visto cualquiera de estas películas y quisiera hacerlo, no me leáis. O mejor aún… leedme y tomaros después tantas copas como sean necesarias para que al día siguiente la resaca gobierne vuestra mejorable memoria reciente y no recordéis los detalles concretos más sustanciales que expondré a continuación.

Iniciación:

Tesis significa iniciación en varios ámbitos. Por un lado se trató del primer largometraje de un jovencísimo Alejandro Amenábar, con veinticinco años en su primer estreno cinematográfico. Además, el asunto principal de la película conlleva la indagación de una estudiante, en plena fase de investigación para su tesis doctoral, que desata accidentalmente su búsqueda de la verdad en un contexto sucio y macabro.

En Atrapado por su pasado, nos encontramos con un inicio tan soberbio que, sin ser un hecho cualquiera el que ocurre en ese instante, la película atrapa desde el primer momento con tanta intensidad que se te olvida lo que ya has visto. Un par de minutos después, comienza a contarse la historia de Carlito Brigante, desde su salida de la cárcel, tratando por todos los medios de mantenerse al margen de la mafia con la que ha convivido desde su juventud.

En Uno de los nuestros el comienzo muestra de forma inequívoca por donde se moverán los derroteros de la vida del protagonista. Henry Hill (en la película, ya de adulto, Ray Liotta) comenzará a desarrollar la obediencia debida al clan italiano con el que crecerá como persona y como criminal.

Por último, en Cadena perpetua, el inicio comienza por el final. Pero no es el final de la película, ni un final cualquiera, sino el final de su vida en libertad. Andy Dufresne (Tim Robbins) es condenado a cadena perpetua supuestamente por el asesinato de su esposa en su propia casa.

Duración:

Desde la más corta, Tesis, a la más larga, Uno de los nuestros, hay algo menos de media hora de diferencia.

En el caso del Amenábar más novel, desde el primer momento me sorprendió que su primera película superara con creces los cien minutos de rigor establecidos tácitamente en el cine de nuestro país. Dicho ésto, creo que su película en ningún momento se hace pesada en las dos hora y cinco minutos, generando y manteniendo la tensión desde bien pronto.

Las otras tres, pese al estar muy cerca de las dos horas y media, para mi gusto mantienen con creces el interés necesario para llegar al final del metraje con plena atención.

Narración:

La voz en off conduce de manera formidable las tres películas estadounidenses. Como particularidad sólo decir que en Cadena perpetua el conductor de la narración no es el personaje principal, como ocurre en las otras dos películas y en la mayoría de las que emplean la voz en off como herramienta conductora.

Por establecer una diferencia más entre las tres, yo diría que en Uno de los nuestros el tono primordial es el narrativo, mientras que las otras dos se mueven a medias entre la narración y la observación, teniendo esta última a mi juicio más peso en Cadena perpetua que en Atrapado por su pasado.

Sin embargo, en Tesis la historia de comienzo es bastante más concisa. Desde bien pronto comienzan a generarse de forma directa o indirecta las intrigas que gobernarán el resto de la película.

Acción:

En este caso creo que se da una superioridad incuestionable de Atrapado por su pasado y Uno de los nuestros. Esto no quiere decir que en las demás no haya ninguna acción. Simplemente las maniobras que encontramos en el guión generan una evolución diferente. Dicho esto, a su vez habría que reconocer que el misterio conducirá la historia en Tesis y que la dramática exposición de la realidad gestionará de forma sosegada durante la primera hora y media Cadena perpetua, hasta que tenga lugar el punto de inflexión en medio de una comida rutinaria dentro de la cárcel. Este hecho provocará un incremento instantáneo de la intensidad narrativa en la película de Frank Darabont.

Volviendo a las dos primeras que he citado en este apartado, yo establecería una diferencia esencial entre ambas. En Atrapado por su pasado el protagonista se ve inmerso en una maraña, mientras intenta redimir su oscuro pasado. Sin embargo, en Uno de los nuestros asombra sin duda la cotidiana gestión tanto del trapicheo de mercancías como directamente del asesinato, siendo ambos aspectos un elemento tan frecuente que hasta llegan a parecer mas de un perfil casi burocrático que criminal.

En Cadena perpetua hay poca acción, o la que hay no es especialmente inquietante, tal vez por el hecho de que está ocurriendo dentro de una prisión. Sin embargo en Tesis la acción encadena en multitud de escenas estresantes, teniendo para mi gusto como techo el apagón de la luz en el sótano de las cañerías (parecido a un túnel) donde se quedan a oscuras Ángela (Ana Torrent) y Chema (Fele Martínez). En los minutos finales de la película se da una extraordinaria situación. Cuando el asesino confeso de las snuff movies objeto de la trama reconoce los hechos, en el momento previo a la preparación de su próxima víctima y la correspondiente grabación, ella cita una frase corta, mitad serena y mitad trémula: “Me llamo Ángela. ¡Me van a matar!”

Convicción:

En Tesis la muerte en extrañas circunstancias de su coordinador de la tesis es lo que desencadena la determinación de Ana por saber si sus sospechas tienen fundamento.

En Atrapado por su pasado Carlito Brigante cree haber pagado por sus errores en su estancia en prisión y tiene la firme voluntad de obtener el dinero necesario para huir de un entorno sórdido como aquel.

En Uno de los nuestros, debido a la absoluta disparidad de criterios entre su padre y él, Henry Hill descree sobre la idoneidad de los consejos paternales en lo relativo a su trabajo y al grupo al que sirve, perdiendo finalmente todo interés hacia su progenitor en plena adolescencia.

Por último, en Cadena perpetua la completa seguridad de su inocencia va perdiendo fuerza en Andy Dufresne de forma paulatina durante las dos primeras décadas de su permanencia en la prisión, antes de que aparezca el personaje secundario que desata el giro insospechado de la trama.

Redención:

En lo referente a esta sensación, no haré mención alguna sobre Tesis. Tal vez únicamente podríamos hablar de la pelea final de la película, en la que los protagonistas luchan con determinación, tratando de salvar sus vidas.

Sin embargo, en las otras tres películas, hay distintos ámbitos de salvación. En Atrapado por su pasado el personaje de Al Pacino cree que su fase más sucia ha expirado tras su paso por la cárcel, aunque el desarrollo de los hechos posteriores irá complicando su situación paulatinamente desde el minuto cero.

En Cadena perpetua el afán de Andy Dufresne por rescatar la verdad pierde tanto calibre que lo que se desata en el último tercio del film supone una sorpresa sobresaliente, difícil de imaginar con anterioridad.

Por último, en Uno de los nuestros, creo que no se debería hablar de liberación como tal. Únicamente mencionaría la escena en la que Ray Liotta y su esposa son interrogados por el FBI. Como matiz podríamos decir que, para Henry Hill, admitir su culpa frente a los investigadores de la administración americana carece de cualquier otro sentido más que el de salvar su pellejo y el de su familia a toda costa. Como coletilla a esto, recomiendo prestar especial atención a la escena de Henry en el juicio, ante sus amigos de toda la vida, en el instante en que reconoce su culpabilidad con cara circunspecta. No sabría donde ubicarlo exactamente pero en todo caso se hallaría a medias entre la humillación, la indignidad y el bochorno más absoluto.

Atracción:

En Tesis, parece indudable que la atracción física que ejerce Bosco (Eduardo Noriega) sobre Ángela tiene por objeto potenciar la ambigüedad calculada como uno de los motores secundarios de la trama.

En Atrapado por su pasado Al Pacino vuelve a ver a la que era su novia antes de entrar en prisión y se interesa de nuevo por ella. Sin ser éste un elemento crucial en todo el desarrollo, sin duda no hace sino afianzar su deseo de escapar de su ciudad y de su pasado.

En Uno de los nuestros, al margen del morbo, inclinación y necesidad del estraperlo, el personaje de Ray Liotta destaca sobre todo en su afición por la lujuria y el desenfreno lejos del matrimonio.

En Cadena perpetua, citaría por poner un ejemplo tanto el interés sexual que levanta Andy en otros presos como su capacidad para ser gestor, administrador de patrimonios y contable (¡maldita contabilidad!), explotada en extremo por el inefable director de la prisión para sus chanchullos personales.

Ocultación:

Extraordinario y emocionante proceso destapado en la parte final de Cadena perpetua.

También cobra esta cualidad cierto sentido en Tesis, dada la incertidumbre generada sobre la inocencia o culpabilidad de los dos secundarios principales.

A mi juicio, no hay mucho que hablar en este tema ni en Atrapado por su pasado ni en Uno de los nuestros.

Deleitación:

Es decir, deleite puro y duro. Aunque siendo sincero no establecería a las cuatro películas a este mismo nivel. Las tres americanas, para mi gusto, se encuentran más cerca del umbral de la maestría en el cine que la ópera prima de Amenábar. Dicho lo cual, recomiendo sinceramente a quien no haya visto Tesis que emplee dos horas en ella de manera decidida. Sin duda creo que lo disfrutará.

Hasta aquí ha llegado el análisis y la reflexión.

Acotación:

Ahora comienza el momento de explicación sobre cuál ha sido el motivo de hablar de estas cuatro cintas en concreto. El pasado mes de agosto, durante las vacaciones y sin tener conocimiento de ello, pude comprobar casualmente que estas películas se estaban emitiendo en prime time al mismo tiempo en distintas cadenas. Tanto mi mujer como yo ya las habíamos visto todas, dos de ellas cerca de cinco veces, las otras al borde de una decena en mi caso. Fue por este motivo por lo que se dio una paradoja que no se si habréis vivido alguna vez. Conociendo la evolución inmediata de cada una de ellas y en otras ocasiones con motivo de los dichosos anuncios publicitarios, no fui capaz de evitar el cambiar permanentemente de una cadena a otra sin durar en ningún caso más de cinco minutos viendo la misma película. Pero esto, no sólo no me puso en tensión ante la conclusión de cada una, sino que se convirtió en una forma desconocida de goce frente al televisor.

Acotación 2:

Hasta ahora no había hecho referencia alguna sobre un secundario de lujo en una de las cuatro películas. Como curiosidad confieso que la primera vez que vi Atrapado por su pasado me percaté de la figura de Sean Penn prácticamente al final. Espero coincidir con muchos de vosotros sobre su colosal interpretación de un abogado que condicionará y de qué manera el devenir de Carlito Brigante, debido fundamentalmente a su notoria enajenación mental, producto entre otras cosas por su adicción a la cocaína.

Acotación 3:

Si al inicio de esta lectura te planteaste qué narices podía significar el término del título (¡a la -ción!), creo sinceramente que al final habrá quedado suficientemente claro.

Acotación 4:

Siguiendo con la finura, medio idiomática y medio analítica, en este curioso artículo las acotaciones no son otra cosa más que mi posdata empleada ocasionalmente.

Sí. Bueno sí, ¿no?

Blog 11_Rueda de prensa

Los que se encontraban en la sala se miraron entre sí, casi atónitos, mostrando con sus gestos desde una notable perplejidad hasta un estupor poco menos que absoluto.

Algo así se podía sospechar de un personaje como aquel. Sin embargo casi nadie se hubiera imaginado que un acto formal y protocolario se fuera a convertir en noticia de portada debido al esperpéntico episodio vivido durante el clásico encuentro de su actor principal frente al mundo del periodismo.

Debido a su flamante fichaje, Román Jiménez se había presentado a media mañana en el club con objeto de pasar el pertinente reconocimiento médico y firmar del contrato, antes de que tuviera lugar su presentación oficial ante los medios. Era su primer gran contrato. Tenía diecinueve años, pero ya llevaba dos temporadas jugando a un excelente nivel en un equipo de otra parte del país, de aquellos que se habían acostumbrado a vivir siempre en la parte baja de la tabla de clasificación. Su contrato anterior, pese a que no supuso una fortuna multimillonaria, le hizo acostumbrarse a ciertas comodidades que diez años atrás hubiera dado por imposibles de conseguir en el hogar de sus padres: un cuarto de baño dentro de la habitación principal, un garaje dentro de su mismo inmueble o una mujer contratada para limpiar su casa, por poner ejemplos.

Román había visto por televisión en numerosas ocasiones muchos actos de bienvenida organizados por el que iba a ser su nuevo club. Pero siempre le habían parecido más que aburridos. Ya fuesen futbolistas de una posición y un perfil más discreto u otras estrellas rutilantes, todos y cada uno de los que habían pasado por actos como los que tendrían lugar aquel día solían mostrarse muy callados o precavidos, en ocasiones hasta excesivamente timoratos. Pero él sin duda no daría esa sensación.

Con toda decisión, Román dejaría su impronta en el acto de presentación y su posterior rueda de prensa, dando lecciones ante las cuestiones planteadas por todos y cada uno de los periodistas. Pero para ello necesitaría encontrarse en su salsa. Y como sin duda lo mejor sería acudir bien acompañado, decidió no aparecer allí únicamente junto a su agente en la jornada que había marcado en rojo en su calendario. Su representante, poseedor de un carácter más que singular, tenía un don de gentes sin parangón. Fulgencio Dobarro sabía tratar con la misma destreza tanto a los mandatarios de los clubes más curtidos como a los jugadores provenientes de las zonas más marginales de todo el país.

Fue por esto que aquella mañana, nada más recogerle Fulgencio en casa de sus padres, Román avisó por whatsapp a su grupo de amigos de toda la vida. Les dijo a que acudieran juntos a la entrada en coche al estadio y que le esperaran allí. Ante la insistente curiosidad de su representante, Román le dio a conocer lo que había previsto.

-Mis colegas del barrio van a entrar conmigo. Me da igual como te lo tomes -soltó el joven jugador, cortando de raíz la posible objeción de Fulgencio.

Román había mantenido el contacto con ellos de forma periódica desde que inició la primera temporada fuera de su ciudad de siempre. Pero fue a principios de aquel año cuando la comunicación con sus colegas del barrio se estrechó más todavía. Y no fue con motivo de su magnifico rendimiento deportivo. Su nombre e imagen habían salido a la palestra fuera del ámbito futbolístico a partir del comienzo de su relación con una joven modelo. Hasta ahí todo normal, dirían muchos, si no fuera porque la fémina referida no había cumplido su primer año de matrimonio, con el hijo mayor del mandamás de su equipo anterior, antes de que saliera a la luz el típico escándalo de infidelidad entre famosos.

Lejos de abochornarse y pedir perdón, Román sacó pecho desde el primer momento en que su affaire tuvo repercusión mediática, llegando incluso al intercambio de mamporros con uno de los miembros familiares del dueño de su club, una vez tuvo lugar el consabido divorcio. Para bien, su juego se encontraba a tal nivel que ni una disputa de ese calibre consiguió frenar el meteórico ascenso de su caché profesional. Para mal, Román se había convertido, como siempre en esos casos, en un protagonista más dentro del mundo del papel cuché.

Comoquiera que este caso le había hecho subir otro peldaño en el escalafón de la popularidad, semejante salto cualitativo en su condición de famoso había establecido como norma no escrita la presencia de la prensa rosa en todas sus apariciones en los medios de comunicación.

Dicho todo esto, por fin llegó el culmen del día.

Una vez pasado el reconocimiento médico y firmado el contrato, Román accedió a la conocida sala plagada de personas, cámaras y micrófonos de manera exultante, portador de toda la prestancia debida ante un evento como tal.

Desde su primera cuestión respondida dejó bien a las claras algo que se sospechaba desde hacía tiempo por casi todos los miembros del entorno deportivo de la ciudad. El rendimiento que había mostrado desde el comienzo de su carrera se encontraba tres o cuatro galaxias por encima de su característica ignorancia a la hora de manifestarse ante los medios. Pero no fue hasta la primera pregunta del mundo del cotilleo cuando se desató uno de los capítulos deportivos más surrealistas que los allí presentes habían presenciado en toda su trayectoria profesional.

Una periodista rosa de la cadena de televisión que gestó el mundo de la telebasura dos décadas atrás fue la iniciadora.

-Román, ¿vivirás aquí en la capital con tu novia, la modelo Esther Sanidri?

Justo antes de responder con su sempiterna ineptitud, sus amigos de toda la vida emergieron en un santiamén, subiendo los cinco literalmente a la mesa donde se encontraba Román junto al jefe de prensa del club, antes de que el jugador contestara sobre aquel asunto.

-¡Picha brava, picha brava es, es! ¡Picha brava, picha brava es, es! -soltaron a gritos sus compinches, frente al pasmo general.

Justo antes de que el revuelo provocado desencadenara su inmediato desalojo por parte de los miembros de seguridad del club, Román alzó su brazo con el fin de silenciar de inmediato a sus compañeros de correrías.

-Sí. Bueno sí, ¿no? -dijo Román, con su habitual torpeza, sentando cátedra ante sus queridos amigos de toda la vida.